Capítulo VII · De la tumba al altar

Canonización de Santo Toribio Romo

Setenta y dos años entre el martirio en la barranca y la proclamación en la plaza de San Pedro. Dos papas, una causa larga, veinticinco mártires canonizados juntos.

1928 – 1988

Sesenta años de silencio oficial

Después del martirio de febrero de 1928, la memoria del padre Toribio Romo quedó, por varias décadas, confinada a la escala familiar y del rancho. Había razones de orden político: los Arreglos de 1929 entre el gobierno federal y la jerarquía episcopal, negociados por el embajador estadounidense Dwight Morrow, habían suspendido el conflicto armado pero no habían resuelto las causas. La Iglesia mexicana entró en un largo período de prudencia. Exaltar públicamente a los mártires recientes podía reabrir heridas que ambas partes preferían dejar cerradas.

Durante los años treinta, cuarenta y cincuenta, la devoción a los mártires cristeros se mantuvo en los pueblos, en las familias, en la correspondencia íntima, pero no se promovió desde el episcopado con la misma intensidad con que se había canonizado, por ejemplo, a los mártires de la Guerra Civil Española — un proceso que avanzó con mayor rapidez en Roma. México, en este sentido, fue lento y deliberado.

El padre Román Romo, hermano del mártir, dedicó cuatro décadas a un trabajo discreto de conservación: recogió testimonios de testigos oculares mientras aún vivían, organizó los datos biográficos, logró el traslado de los restos al santuario de Santa Ana en 1948, construyó la Iglesia de la Mesita, y mantuvo una correspondencia activa con familias de Los Altos establecidas en Estados Unidos para que la memoria no se perdiera. Murió en 1981, once años antes de que el trabajo diera frutos.

1988 – 1992

La causa se reabre

Hacia finales de los años ochenta, el clima eclesial cambió. Juan Pablo II había visitado México en 1979, en su primer viaje apostólico como papa — un gesto con peso simbólico enorme en un país donde el culto católico seguía legalmente restringido. Para 1988 las reformas constitucionales salinistas que restablecerían las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede y reconocerían la personalidad jurídica de las iglesias estaban ya en el horizonte, y se concretarían en 1992.

En ese contexto, la Conferencia Episcopal Mexicana retomó las causas de canonización de los mártires de la Cristiada con vigor renovado. Se agruparon en un proceso colectivo encabezado por la figura de Cristóbal Magallanes Jara, párroco de Totatiche, Jalisco, fusilado el 25 de mayo de 1927, tres meses antes de la muerte del padre Toribio. Con Magallanes se incluyeron 24 compañeros — entre sacerdotes y laicos — martirizados entre 1915 y 1937 por motivo del mismo conflicto.

El padre Toribio Romo González fue uno de esos compañeros. Su proceso diocesano se formalizó en la arquidiócesis de Guadalajara y se tramitó con celeridad gracias a la abundancia de testigos directos todavía vivos — María Romo había muerto, pero habían quedado testimonios suyos tomados bajo juramento, y familiares de segunda generación aún recordaban a los vecinos de Tequila. La Congregación para las Causas de los Santos examinó el expediente en Roma durante los años 1990 y 1991. El milagro aprobado para la beatificación — primer paso hacia la canonización — fue la curación inexplicable de una mujer enferma en Jalostotitlán, documentada y verificada por la comisión médica vaticana.

La beatificación · 22 de noviembre de 1992

Juan Pablo II beatificó al grupo de Cristóbal Magallanes y 24 compañeros en la basílica de San Pedro, en Roma, el 22 de noviembre de 1992. Santo Toribio Romo entró al grupo como uno de los veinticinco. Fue la primera vez en la historia que el Vaticano beatificaba a un número tan grande de mártires mexicanos de la Cristiada en un mismo acto. La ceremonia marcó, simbólicamente, el cierre de la larga prudencia episcopal y la apertura de una fase nueva de reconocimiento público.

21 de mayo del año 2000

La canonización en la plaza de San Pedro

Ocho años después de la beatificación — un plazo relativamente breve para el ritmo habitual de estos procesos en Roma — Juan Pablo II canonizó al grupo completo de Cristóbal Magallanes y compañeros el domingo 21 de mayo del año 2000, en la plaza de San Pedro del Vaticano. Era el Año Santo Jubilar. La ceremonia fue multitudinaria. Asistieron representantes de las familias de los mártires, obispos mexicanos en pleno, peregrinos llegados de Jalisco, Zacatecas, Michoacán y de las comunidades mexicanas de Estados Unidos.

El segundo milagro requerido para la canonización — aparte del de la beatificación de 1992 — se aprobó como milagro colectivo atribuido a la intercesión del grupo. La lista completa de los veinticinco mártires canonizados ese día incluye:

Los 25 mártires de la Cristiada

1. Cristóbal Magallanes Jara (Totatiche, Jal.)

2. Román Adame Rosales

3. Rodrigo Aguilar Alemán

4. Julio Álvarez Mendoza

5. Luis Batis Sáinz

6. Agustín Caloca Cortés

7. Mateo Correa Magallanes

8. Atilano Cruz Alvarado

9. Miguel de la Mora

10. Pedro Esqueda Ramírez

11. Margarito Flores García

12. José Isabel Flores Varela

13. David Galván Bermúdez

14. Salvador Lara Puente

15. Pedro de Jesús Maldonado Lucero

16. Jesús Méndez Montoya

17. Manuel Morales

18. Justino Orona Madrigal (párroco de Cuquío)

19. Sabás Reyes Salazar

20. José María Robles Hurtado

21. David Roldán Lara

22. Toribio Romo González

23. Jenaro Sánchez Delgadillo

24. Tranquilino Ubiarco Robles

25. David Uribe Velasco

Es notable que en la lista aparezca también Justino Orona Madrigal, el párroco de Cuquío bajo cuya tutela el padre Toribio trabajó entre 1925 y 1927. Los dos amigos, maestro y discípulo, fueron canonizados el mismo día, en la misma ceremonia. Orona fue asesinado el 1 de julio de 1928, cuatro meses después que Toribio, en el mismo estado de Jalisco.

Por cuanto soportaron la persecución por causa de su santidad sacerdotal,
entendieron el misterio del Cordero inmolado
y lo reprodujeron en sus vidas y en sus muertes. — Juan Pablo II · Homilía de canonización, 21 de mayo de 2000

La homilía de Juan Pablo II situó a los 25 mártires dentro del Jubileo del Año 2000 como testigos privilegiados del sacerdocio y de la fidelidad al Evangelio en tiempos de persecución. El papa subrayó dos rasgos comunes a todos ellos: su condición mayoritariamente sacerdotal — 22 de los 25 eran curas diocesanos — y la cercanía a los pobres y los campesinos a quienes servían. Ninguno era obispo. Ninguno tenía renombre nacional en vida. Todos murieron jóvenes o maduros pero desconocidos fuera de su región inmediata. Fue, en palabras del propio Juan Pablo II, una canonización de curas de pueblo.

Después de la canonización

Lo que cambió · lo que no

La canonización del año 2000 modificó profundamente la escala del culto a Santo Toribio Romo. En los años inmediatamente posteriores, el número de peregrinos al santuario de Santa Ana de Guadalupe se multiplicó: de decenas de miles anuales en los años noventa se pasó a cientos de miles en la primera década del siglo XXI, y al millón anual hacia 2015. La prensa estadounidense — The New York Times en 2002, Dallas Morning News en 2006, Los Angeles Times en 2014 — descubrió el fenómeno y lo difundió entre el público no católico y no mexicano.

La fecha litúrgica del 21 de mayo — memoria común del grupo — se incorporó al calendario universal de la Iglesia Católica como memoria libre, lo que significa que puede celebrarse en cualquier diócesis del mundo. En las diócesis mexicanas es memoria obligatoria. En numerosas diócesis estadounidenses con alta proporción de fieles mexicanos se ha elevado a fiesta local, y varias parroquias de California, Texas, Arizona, Nuevo México, Illinois y Nueva York llevan hoy la advocación de Santo Toribio Romo.

Lo que no cambió: la Iglesia Católica no ha proclamado oficialmente a Santo Toribio Romo como patrono de los migrantes. Ese título — el que aparece en estampitas, folletos, oraciones populares y el lenguaje periodístico — es de atribución popular, no canónica. El patronato oficial de los migrantes corresponde a otros santos, entre ellos San Francisco Javier Cabrini y la Virgen de Guadalupe. El hecho de que Santo Toribio ocupe de facto ese lugar en la devoción transnacional mexicana es un caso clásico de patronato de facto surgido de la base — un fenómeno reconocido y respetado por la jerarquía, aun cuando no esté formalmente proclamado.

Fuentes citadas

  • Juan Pablo II (2000) — Homilía en la canonización de San Cristóbal Magallanes y compañeros mártires. Plaza de San Pedro, Vaticano, 21 de mayo de 2000.
  • Congregación para las Causas de los Santos — Positio super martyrio. Expediente colectivo de los 25 mártires mexicanos, 1988–1992.
  • Conferencia del Episcopado Mexicano (2000) — Carta pastoral con motivo de la canonización de los 25 mártires.
  • Meyer (2005) — Jean Meyer, Los cristeros: un decenio crítico, 1914–1924. El Colegio de México. Contexto histórico-político de la prudencia episcopal durante varias décadas.
  • Aguilar Ros (2016) — Alejandra Aguilar Ros, «El santuario de Santo Toribio Romo en Los Altos jaliscienses». Relaciones, 37(145). Análisis del efecto de la canonización sobre la escala del culto.
  • Martirologio Romano — Entrada canónica de Santo Toribio Romo presbítero y mártir, memoria del 21 de mayo.
Compartir este capítulo WhatsApp Facebook Correo