Un santo que no quería que nos fuéramos
En 1920, un seminarista de veinte años escribió una obra de teatro corta titulada ¡Vámonos al Norte!. Era una comedia moralizante, pensada para representarse en las fiestas del pueblo. El personaje principal, Don Rogaciano, regresa de Estados Unidos lleno de humos y palabras en inglés, despreciando a los suyos. Sancho, un campesino que nunca se fue, lo desarma con sentido común y buen humor. El mensaje era claro: el Norte no salva a nadie. No vale la pena irse.
El seminarista se llamaba Toribio Romo González. Ocho años después, en una barranca cerca de Tequila, lo asesinaron los soldados federales por ser sacerdote.
Y setenta años después, los migrantes mexicanos que cruzaban el desierto de Sonora empezaron a contar que un joven de camisa azul los guiaba hasta el agua, hasta el camino, hasta el trabajo al otro lado. Cuando regresaban a dar las gracias y veían la estampa en Santa Ana de Guadalupe, lo reconocían: era él.
El hombre que había escrito una obra de teatro para que no nos fuéramos se convirtió en el patrono no oficial de los que no tenían más remedio que irse. Ese es el principio de este sitio, y probablemente también la clave para entender al santo.
Santo Toribio Romo es uno de los 25 mártires mexicanos canonizados por Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000. No fue el más célebre durante su vida — fue un cura rural que pastoreó cinco parroquias en Jalisco, enseñó catecismo a los pobres, y se escondió en una destilería abandonada para seguir celebrando misa cuando el culto público fue prohibido. Lo mataron al amanecer del 25 de febrero de 1928, a los veintisiete años, sin juicio, con un fusil en el pecho mientras intentaba levantarse de la cama.
Lo que vino después — la devoción, el santuario que recibe un millón de peregrinos al año, las apariciones en el desierto — es un fenómeno religioso y social que la antropología mexicana apenas empieza a estudiar en serio. Este sitio reúne lo que se sabe: la vida, el martirio, la canonización, el culto migrante, las oraciones, los escritos, las fuentes.
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