Santa Ana de Guadalupe
Santa Ana de Guadalupe es una ranchería. No un pueblo, no una ciudad: una ranchería. Pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la región de Los Altos de Jalisco, a 11 kilómetros de la cabecera municipal y a media hora del santuario mariano de San Juan de los Lagos. En 1900 tenía menos de doscientos habitantes y en 2026 sigue teniendo menos de cuatrocientos. Los Romo llevaban viviendo allí desde principios del siglo XVII, cuando llegaron desde Vivar — el mismo pueblo castellano donde nació el Cid — y se instalaron en la cañada.
Toribio Romo González nació en Santa Ana el 16 de abril de 1900, a las cuatro de la mañana. Fue el tercer hijo de Patricio Romo Pérez y Juana González Romo, campesinos católicos. Al día siguiente lo llevaron a bautizar a la parroquia de la Virgen de la Asunción, en Jalostotitlán. Tuvo dos hermanos que importan a esta historia: su hermana mayor María, que le enseñó las primeras letras y que estaría presente en el momento de su muerte, y su hermano menor Román, que también sería sacerdote y que se encargaría, después, de escribir la hagiografía y promover la causa de beatificación.
Los padres de Toribio eran pobres pero no miserables. Tenían una casita de adobe y algunas tierras. María, la hermana mayor, vio temprano que Toribio era un niño distinto: serio, callado, metido en la iglesia del pueblo desde los seis años como acólito. Cuando cumplió doce, María convenció a sus padres — que dudaban, porque hacía falta en el campo — de que lo mandaran al seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. Ingresó en 1912. Tenía doce años y cuatro meses.
El seminario y la Revolución
Los años del seminario de Toribio coincidieron con los años de la Revolución Mexicana. Mientras él memorizaba latín y filosofía tomista en San Juan de los Lagos y después en el seminario mayor de Guadalajara, el país se desgarraba: Madero, Huerta, Carranza, Obregón, Villa, Zapata. Los seminarios se cerraban y reabrían al capricho de la política local. En varios momentos los seminaristas tuvieron que estudiar en casas particulares, con los libros escondidos.
Toribio fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1922, en Guadalajara, con permiso especial del obispo porque apenas tenía veintidós años y el derecho canónico exigía veinticuatro. Celebró su primera misa solemne en la capilla de su pueblo natal, dedicada a la Virgen de Guadalupe. Se dice que esa mañana pidió a Dios una gracia que después repetiría cada día de su vida: «Señor, no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión». La oración se cumplió.